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  • Mujer Cronopio

Encontré mi volcán en una biblioteca

No tengo que entender la vida, solo tengo que vivirla.


Si algo me va a pasar, quiero estar allí

Camus



El año 2022 tuvo más bajos que altos. Volvía a una normalidad que estaba destruída casi por completo. La erupción de un volcán que me devastó había ocurrido y, apenas, comenzaba a calmarse los movimientos y la lava se secaba. Todo estaba cubierto de cenizas y el calor era insoportable. Y así me sentía, asfixiada, pues ya no quedaba aire ni siquiera de reserva en mis pulmones. Mis ojos estaban llenos de lágrimas haciendo mi visión cada vez más borrosa y mis manos estaban paralizadas por el dolor causado por las heridas abiertas. En los momentos que me siento completamente abrumada y sobrecogida por mi volcán interno en erupción, pensar en morir resulta un alivio, una salida efectiva del dolor. Algunos apuntarán su dedo índice en mi dirección para decirme cobarde, otros tratarán de decirme que todo saldrá bien, que tengo mucho por que agradecer y otros huirán. Poco importa cuando nada parece tener un sentido.

Al final del año, llegó uno de esos momentos en los que irme era lo más sensato, el dolor y la desesperación que sentí me sobrepasó. A pesar de estar deambulando por las calles, el aire no entraba en mi sistema, mi cuerpo se negaba a aceptarlo, cada vez era más difícil respirar, las lágrimas corrían ignoradas por los demás transeúntes que deciden que lo mejor es que cada uno maneje sus problemas, las piernas se llenaban de energía para correr sin parar. En el pico de esa caminata, supe que el mejor lugar para refugiarme y contenerme sería una librería del centro de Montréal. Allí, rodeada de libros, abriendo páginas al azar encontraría, quizás, un cable a tierra, una bocanada de aire que me permitiera seguir un día más.





Recorrí los estantes que siempre visito. Me refugié un rato en los libros de referencia, olvidados en una esquina junto al ascensor que nadie suele utilizar, allí es justo el lugar más silencioso. Me senté en una silla y tomé entre mis manos el primer libro de referencia sobre escritura creativa que vi. Mis ojos pasaban volando por aquellas páginas, pero ese dolor en el pecho se intensificaba. Esta vez mi truco no estaba funcionando. Claro, pensé, esto no es como otras veces. Se me ocurrió, entonces, hacer lo que había hecho siempre: refugiarme en una historia, buscar un mundo ajeno en el que perderme para olvidarme de la devastación que me inundaba en el propio. Me levanté un poco mareada, dejé el libro en el estante y me mudé a la sección de ficción. Y allí estaba, me atrevo a decir ahora, esperando por mí: Midnight Library de Matt Haig. Con sinceridad, debo decir que lo tomé porque tenía en el título la palabra biblioteca y, para redundar en mi bálsamo, pues qué mejor que estar en lugar lleno de libros dentro y fuera de mí.





Este libro me salvó, no exagero ni un poco. Al abrir su primera página me dijo: Nineteen years before she decided to die, Nora Seed sat in the warmth of the small library at Hazeldene School in the town of Bedford – Diecinueve años antes de decidir morir, Nora Seed se sentó en la calidez de una pequeña biblioteca de la Escuela de Hazeldene, en el pequeño pueblo de Bedford. Y, estaba yo parada en medio de una librería –una biblioteca con precios–, con gente a mi alrededor y también pensando en morir, como le pasaría a Nora más adelante en el libro. ¿Casualidad? Lo ignoro, pero elijo creer que no, que la historia de esta mujer al otro lado del mundo estaba esperando por mí en ese estante. Así que solo quedaba encontrar otra silla y seguir leyendo.


Hay libros que te cambian la vida, lo hacen desde diferentes ángulos y por distintas razones, más aún lo hacen en distintos momentos y circunstancias de tu vida. Matt Haig, nunca lo sabrá, pero aquel día su libro fue mi propia biblioteca de la medianoche. En su historia encontré sencillez y hasta un poco de saber a autoayuda filosófica, nada de mucho artificio fantástico, solo un relato que explora la tan de moda teoría cuántica y la conjuga con la muerte en tanto posibilidad de examen de múltiples hilos de una misma vida. En resumidas cuentas, plantea la posibilidad que tendríamos, antes de caer en el abismo incierto de la muerte, de explorarnos en universos paralelos, creados a partir de la bifurcación infinita de las micro-decisiones que tomamos en cada momento. Desde empezar o terminar una relación amorosa, hasta tomar café en un lugar nuevo con un extraño. Cada tomo de la biblioteca de la medianoche encierra una posible alternativa en la que la protagonista puede o no quedarse, una alternativa que le pinta desde un cuerpo hasta un alma distinta.


Haig va dejando, escondidas a plena vista, migajas de sabiduría sobre la vida y la muerte, sobre nuestro propósito y nuestra razón para existir, sobre el efecto que tenemos en cada una de las personas y cosas que nos rodean. Frases de Camus, como la que acompaña este escrito, y Thoreau, el filósofo favorito de Nora, van condensando este mensaje que ignoro si es intencional, pero que puedo asegurar que llega fuerte y claro al lector, o al menos a mí como lectora, y ese grito es: ¡Despierta! Preséntate a vivir tu vida así como asistes a una clase que te interesa y en la que vas a prestar tu máxima atención. Sí, es el mismo cuento del mindfulness lo sé, pero también sé que es cierto, que sin la presencia en la vida propia en los más pequeños detalles, la verdad es que nuestra vista se pierde en horizontes infranqueables en la inmediatez y nos perdemos en la angustia del porvenir que ni tan siquiera podemos atisbar con certeza. De hecho, en algún punto nos dice Haig que abracemos y aceptemos lo que somos, nuestro you-ness –algo como lo que te hace ser tú o la “tucidad”. Y es que, precisamente, en los momentos en los que queremos desaparecer es cuando más tenemos que abrazarnos, mirarnos y concentrarnos en aquello que nos conecta a esta realidad. En otras palabras, abandonar los peligrosos e interminables “y si yo hubiera…”.


En la biblioteca de la medianoche, Nora Seed tiene la oportunidad de descubrir todas las vidas que habría podido vivir, unas terribles y otras casi perfectas, también puede navegar su efecto sobre su entornos en su familia, amigos y pareja, porque no estamos nunca tan solos como pensamos en los momentos en los que nuestro volcán interno erupciona y salpicamos de lava y cenizas a otros. Sobre todo, acompañando a Nora en este viaje, entendí cuán ciego podemos ser acerca de nuestra propia vida y circunstancias cuando nuestra atención está centrada en el pasado y/o en el futuro. El poder de estar presente en tu propia vida, así creas que estás en el peor momento, puede cambiar tu percepción y, con ello, las ganas de irte o quedarte en este plano.


Tal como dice Haig al final del libro, mi volcán interno ha erupcionado, matando muchas cosas a su alrededor que debían morir para que otras en mí pudieran nacer, así que es tiempo entonces de aprovechar esa tierra fértil que deja la lava y las cenizas y el fuego a su paso para sembrar otras experiencias y que puedan crecer oportunidades de vivir la vida, pues solo venimos a ello: vivir. Una verdad simple y lapidaria, difícil de aceptar desde el intelecto que busca razones a todo, pero más fácil de navegar desde las emociones que pertenecen al plano más inmediato. Así que, después de vivir con Nora su experiencia en la biblioteca de la medianoche, puedo hacer un recorrido por la mía y llegar a la misma conclusión: todo se trata de estar presente en la vida que tienes, vivirla y experimentarla por lo que es, cambiar la perspectiva desde la que miras las cosas y dar paso a lo que tienes y no a lo que te falta y con ello hacerte y serte, abrazarte en toda tu you-ness.



Gracias, Matt, no te conozco, pero gracias a ti ahora estoy más presente en mi propia vida, al menos por el momento.

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