Buscar tu armonía, o eso que llaman felicidad, requiere atención y acción.



La paz viene de adentro, no la busques afuera.

Buda



¿A qué venimos? Independientemente de lo que puedas creer en temas de espiritualidad, me atravería a decir que cada uno de nosotros hemos formulado la pregunta sobre nuestro propósito de vida en más de una ocasión. Algunos, quizás se obsesionen con su eterna búsqueda y se frustran al no encontrarla en lo que culturalmente nos vende como el propósito [inserte la casa de tus sueños, el dinero a borbotones, la familia perfecta y un largo etcétera]. Otros, como yo y un montón de multipotenciales, sabemos que no es la piedra filosofal ni el santo grial que nos revele todos los misterios. Sin embargo, en mayor o menor medida, la idea de un motivo que justifique nuestra existencia parece ser una búsqueda que nos une como entes, como seres humanos, sin importar las circunstancias y condiciones de cada uno.


En el budismo, ese conjunto de preceptos que me niego a ver como una religión y se me parece más a un práctica de vida, puedo encontrar ciertas guías que resuenan con lo que se expresa dentro de mi interior. Guías que me llevan a preguntarme mejores preguntas, a encontrar respuestas que satisfagan y ponen mi vida en movimiento. Sobre todo, en este preciso momento de mi vida, incorporo cada vez más las enseñanzas de Buda junto a los descubrimientos de la neurociencia como si se tratase de mi propio gimnasio mental. Una mente disciplinada trae felicidad, nos dice Buda. Y podrás preguntar: ¿cómo disciplino mi mente? ¿Qué tiene que ver mi felicidad con ello? ¿Me tengo que sentar toda la vida a meditar bajo un árbol para ser feliz?


Dos conceptos fundamentales en el budismo me resultan claves en la búsqueda de mi felicidad, entendida desde mi particularidad como la armonía de mis múltiples facetas, personalidades, proyectos de vida. La armonía depende del ejercicio de mi creatividad, mi capacidad creadora, pues ésta es la expresión de mi propio ser en el mundo. Abandonarla fue, por muchos años, abandonarme a mí misma, distraerme del camino que siento debo transitar, perseguir sueños que no son míos. Los conceptos budistas de los que me sirvo son las alas del pájaro de la sabiduría: mindfulness y compasión.



Mindfulness


Mucho ha llegado sobre el mindfulness a nuestra cultura occidental en los últimos años, muchas también son las presunciones que hacemos sobre la práctica. Aquí, en los videos a continuación, te explico un poco de qué va. Luego te diré de qué va para mí.






¿De qué me sirve el concepto de mindfulness cuando hablo de felicidad?

  • Estar presente en el presente

Proyectarse en el futuro nos hace perder de vista aquello que está ocurriendo en nuestro presente, lo cual, a su vez, está forjando nuestro futuro. Un poco paradójico, ¿no te parece?

Quedarse atrapado en el pasado se convierte en una suerte de prisión. El pasado es un maestro, pero no puede cambiarse y, aunque, determina en cierta forma nuestro presente y nuestro futuro, lo cierto es que el presente viene con ese amigo llamado libre albedrío que nos permite aplicar la máxima de Jung: "Yo no soy lo que me sucedió, soy lo que elegí ser". Al pasado con libertad con me empeño cada día en aprender.



  • Perder la costrumbre de enjuiciar

Las experiencias son. Las experiencias son. Las experiencias son.


Quizás si lo repito deje de atribuirle lo bueno y lo malo. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Depende del lugar en el que coloques tu atención y las herramientas que tengas para procesar tu experiencia, entonces ésta tomará un matiz bueno, malo, doloroso, gozoso.




  • Meditación

Sí, meditar. Y esto no significa irse como Buda dejado de la matica, sino que signifca respirar para volver al presente, tomarse el tiempo en la mañana para disfrutar del silencio y el divagar de la mente, pero siempre volver a respirar para conectarnos con aquello que somos.


¿Ves? El mindfulness no es tan cercano a la quietud. En mi opinión, el mindfulness invita al movimiento, solo que a un movimiento que deja las prisas y se detiene a contemplar los girasoles que se encuentra en medio de la calle. Es un movimiento que se basa en la respiración que no es más que volver al presente en cada inhalación, aceptando el divagar de nuestra mente y animando a nuestro corazón a experimentar la vida.




Compasión


La compasión, más aún la autocompasión, ha sido un descubrimiento para mí en los últimos tiempos. Formalmente se define como: "la autocompasión es estar abierto y movido por el sufrimiento de uno mismo, experimentar sentimientos de preocupación y amabilidad hacia uno mismo, tomando una actitud sin juicios hacia nuestras fallas y equívocos y reconociendo nuestra experiencia como parte de la experiencia común humana" (Neff, 2013). De esta definición se derivan los tres factores a tomar en cuenta a la hora de practicar la compasión:


1. Empatía o comprensión de las emociones.

2. Preocupación y atención por las emociones

3. Voluntad de actuar en respuesta de las emociones.





Yo lo resumo en una fórmula que me indica los pasos a seguir en mi práctica:


COMPASIÓN en movimento =

EMPATÍA + ATENCIÓN + ACCIÓN




La compasión, así como el mindfulness, llaman a practicar cada día. Se trata, más allá de alcanzar un Nivarna o la iluminación, de vivir la vida ahora en consciencia.


No dejes que la vida te pase de largo. ¡Ya estuvo!



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