Mi Historia

Hola, soy Olga C. Morett

Mujer Cronopio

En el 2016 quería morir. 

La primera vez que intenté quitarme la vida fue cuando tenía 15 años. Desde ese episodio, el suicidio ha sido parte de mi vida como un vaivén. Sin embargo, en el 2016, por primera vez pedí ayuda y, una vez que mi salud mental se estabilizó, comencé a investigar sobre la productividad. 

 

 

 

 

 

¿Productividad?

Llego a la productividad en busca de tiempo para dedicarlo a mi escritura. En aquél momento, mi trabajo era de 10 a 12 horas diarias y con un rito muy acelerado. Sentí la necesidad de buscar un equilibrio: una actividad creativa. Y escribir siempre ha estado presente en mi vida como un espacio de bienestar. Además, la escritura significa la expresión máxima y vulnerable de mi verdadero ser, mi ruta de escape de la realidad. Cuando no escribo se me nota, cuando no escribo dejo de ser yo. Así que la escritura debía ser parte de mi tratamiento fundamental para recuperar mi salud mental.

¿Por qué? ¿Qué tiene que ver la escritura con la salud mental?

Yo no te hablo de escritura terapéutica ni escritura para sanar, las cuales me parecen maravillosas. Yo te estoy hablo de escritura de ficción, novelas y cuentos.

OLGA(ESCRITURA) = CREATIVIDAD

En mi rol de escritura es cuando vivo a plenitud mi creatividad.

La creatividad es el acto de crear, el acto de sacar al mundo exterior mi mundo interior, es la manifestación de mi ser en el mundo. Mi Yo Creador, más aún estar en armonía con mi yo creador, es esencial para mi felicidad.

Creo, con firmeza, que la felicidad es un concepto VACÍO. Un concepto que tengo que definir para luego saber cómo llegar a él.

Mi definición es:

OLGA(FELICIDAD) = ARMONÍA MULTIPOTENCIAL + PRODUCTIVIDAD LÚCIDA

Mi felicidad se traduce en armonizar mis múltiples potencialidades y producir las ideas que representen mi valor e ideales. Descubrí que mi valor de vida, mi valor regente, es la AUTENTICIDAD. La autenticidad me llevó a desnudarme frente a una cámara. No, no es lo que piensas. El desnudo fue de mi alma, fue contar mi historia a todo aquel que quisiera escucharla.

Necesitaba entonces de la productividad para permitirme investigar, diseñar, grabar, editar videos y escribir mis posts en las redes sociales, hacer talleres, sacar a Luna (mi perrita) a pasear, cocinar, atender y amar a mi familia y amigos, leer literatura y escribir, siempre escribir... Todo ello, mientras trabajaba 8 horas en una empresa.

Técnicas, métodos, herramientas, aplicaciones y paramos de contar, la productividad es un vasto mundo: inagotable, fascina, pero abrumador.

La productividad se puede convertir en lo contrario. Una pesada carga que mantener, una suerte de prisión que si no seguimos al pie de la letra nos lleva al fracaso, la frustración y la depresión; sobre todo, si somos multipotenciales.

Las técnicas y métodos de productividad, tal como los encontraba, carecían de ese ingrediente que me permitiera sostenerlos en el tiempo. Los métodos no me servían y llegaba a la frustración. Entonces, gracias a la neurociencia, encontré al budismo. Primero me atrapó el concepto de Mindfulness, pues es mi recordatorio personal de estar presente en mi presente. Y, luego, llegó a mí el concepto de la Commpasión

Había descubierto que tenía un poderoso narrador interno, esa voz dura que me protege y me deja anclada a mi lugar seguro. Sin avanzar pero segura allí protegida del dolor que implica crecer. Por años traté de hablar con él, pero él es fuerte y con sus argumentos me convencía de permanecer en donde estaba que así era mejor. La compasión, su ejercicio consciente, ha sido mi escuela de debates. La práctica de la autocompasión me ha dado argumentos sólidos no para ganarle una batalla a mi narrador interno, sino para aprovechar su punto de vista y conseguir una visión equilibrada que me permita tomar decisiones de las que me puedo sentir responsable y auténtica. En otras palabras, estar en ARMONÍA.

 

Mira que no hablo de decisiones correctas, hablo de decisiones mías, hablo de decisiones que vengan de lo que, en realidad, soy. Allí aparece ese apellido que le faltaba a mi productividad:

 

LUCIDEZ

La lucidez de este viaje es esa claridad en tu pensamiento que te permita expresarte en el mundo como eres. Se traduce a vivir tu valor, lo que eres no lo que te dijeron que debías ser o lo que crees que debes ser para ser feliz, pues la felicidad es un concepto vacío para que tú lo llenes.

Allí está el poder de tus decisiones.

Tú decides qué es tu felicidad.

¿Y cómo lo haces?

Escuchándote. Mirándote. Conociéndote. Respetándote. Amándote.

Todo esto con PASIÓN y COMPASIÓN.

Quiero acompañarte en este viaje lúcido a tu interior.

Quiero compartir todo lo que he aprendido en mi camino, todo lo que cambió mi manera de verme y relacionarme conmigo.

Tú eres tu relación más importante, es el momento de dedicarte atención y tiempo.

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